jueves, 20 de junio de 2013

Tecnologia para latinos con complejo

No me he podido resistir.

Como buen latino, giro siempre mis ojos mirando al Gran Norte, de donde nos viene la sabiduría y, dicho sea de paso, las órdenes sobre cómo regular la economía. Y así, agachado, contemplo abrumado lo bien que usan la tecnología.

Pero esta mañana un colega alemán me ha enviado esta foto de una universidad de ese gran (sin ironía) país. Y se la dedico a todos los latinos, como yo, acomplejados, así como a todos los anglosajones, germánicos o nórdicos con un buen sentido del humor.

Porque en todas partes cuecen habas. Y la tecnología más inteligente se queda siempre corta.



Foto de la entrada a un aula para Masters de la universidad alemana de Colonia, realizada y distribuida vía Twitter por Jordi Sancho (@JordiSanchoS).

miércoles, 19 de junio de 2013

Tutores-robot: La sonrisa de Rubi


Al igual que sus homólogos humanos, los tutores robots pueden recitar largas listas de vocabulario español o enseñar a los alumnos como contar de 10 en 10. Pero hay algo importante que no pueden hacer: reconocer cuando los alumnos se aburren o no entienden, y adaptarse a ellos” (1*)

Por ello desde hace unos años investigadores del laboratorio de Percepción Automática de la Universidad de San Diego en California están trabajando en un modelo de tutor-robot capaz de interpretar los gestos humanos, de reconocer una sonrisa en el alumno.

Y esto me recuerda cuántas cosas aprendemos por modelización. Cuando era un joven maestro recién licenciado, Cristóbal, un compañero que trabajaba en otra escuela me contó esta divertida anécdota:

Pablito había vuelto a pegar a un compañero de clase. Esta vez el director del centro pidió a los padres que vinieran a hablar con él. Así fue. Y el padre le dijo:
- “Pues no lo entiendo porque en casa, en cuanto le levanta la mano a su hermanita, le doy una hostia (2*) que le vuelvo la cara del revés
El director le miró y le dijo sonriendo:
- “Pues yo ahora lo entiendo todo”.

Aprendemos a pegar como aprendemos a amar: imitando lo que vemos.

Aprendemos a sonreír como a llorar. Aprendemos a ser generosos o tacaños, déspotas o magnánimos, educados o groseros. Aprendemos a contar de 10 en 10 y hasta puede que sea necesario aprender a contar de 10 en 10. Pero no todos estos aprendizajes son iguales.

Quizás para aprender el vocabulario en español o en inglés un robot sea una gran ayuda, pero no llamaría a eso “tutor”, so pena de insultar a muchos amigos míos que hacen de tutores. Porque lo que se puede aprender de un tutor/a, lo que se puede aprender de un “maestro” o “maestra”, son cosas que Rubi no puede enseñar.

Porque aunque Rubi sea capaz de reconocer la sonrisa de un alumno, su sonrisa no nos puede enseñar cuándo y por qué sonreír.


(1*) University of California (2008). Meet RUBI the robot tutor.
http://www.universityofcalifornia.edu/news/article/18319
La imagen pertenece a este documento informativo de la University of California y es reproducido a título de cita.

(2*) “Hostia” es una expresión coloquial para referirse a un golpe fuerte, en este caso un bofetón. La RAE lo define como “golpe, trastazo, bofetada”.

Nota final: Este texto está dedicado cariñosamente a tantos formadores que enseñan a futuros maestros a ser críticos sin darle la opción a ser críticos con ser críticos. A los que explican cómo  enseñar con modelos activos y personalizados a  un grupo de aburridos estudiantes amontonados en un aula… Al padre que enseña a no golpear, golpeando. Al maestro/a que habla de solidaridad pero nunca acude a defender a los mineros…

viernes, 7 de junio de 2013

¿Por qué hacer un MOOC tipo “rancho”?


Claro, uno con los años descubre que utiliza términos que quizás no son tan conocidos. Así que aclaro que “rancho” no hace referencia a algún idílico lugar con vacas y vaqueros, sino al primer significado que le atribuye la Real Academia de la Lengua: “Comida que se hace para muchos en común, y que generalmente se reduce a un solo guisado”. Pues sí, ¿por qué muchos MOOCs son puros “ranchos”?

Comencemos por lo más obvio: los vídeos. ¡Me encantan los vídeos! El año 2000 pusimos en marcha un máster a distancia con vídeos cuando apenas si había (la red no lo permitía mucho). Pero el otro día me asaltó la duda de si la mejor solución para un MOOC es basarse principalmente en vídeos. Te cuento: Buscando en la Web la solución a un problema técnico encontré dos respuestas: una era un vídeo y la otra una página de texto. Y me pregunté: ¿qué prefiero? Escuchar durante 5 minutos la explicación, o leerla en 2 minutos, saltándome fácilmente lo que no me interesa?

La respuesta que escogí fue la segunda, pero supongo que podría haber otras personas que hubieran preferido la primera.

Lo que importa no es la respuesta escogida, sino que había dos respuestas a escoger.

Desde que a finales de los ochenta aparecen los materiales multimedia para la formación, uno de sus principales atractivos ha sido la posibilidad de ofrecer caminos diferentes a diferentes alumnos. Frente al grupo con un profesor que proporciona a todos la misma explicación, ¿qué tal si tenemos en cuenta las diferencias individuales?

Es como un menú con 10 platos a escoger dos. ¿Por qué tantos MOOCs nos devuelven a la época de nuestro servicio militar o de la escuela en la que todos "disfrutábamos" de un mismo único rancho? “Las personas aprenden a velocidad y de modo diferente. Factores que influyen son la habilidad intelectual, el nivel educativo, la personalidad y el estilo de aprendizaje, entre otros” (1*).

Algún MOOC ofrece alternativas diferentes a diferentes usuarios en función del contenido. No estoy refiriéndome a eso. Me refiero a que el estudiante puede acceder a una información escogiendo entre diferentes recursos: vídeos, textos, slidecasts, simulaciones, … y dentro de ellos, con diferentes estilos.

Estoy hablando de esa maravillosa riqueza que hoy por fin nos ofrece la Web y que muchos MOOCs tratan de reducir a la bazofia uniforme del viejo “rancho” que servían en el “cole”.  (2*)




Imagen distribuida bajo CC por Secretaría de Desarrollo Social de Quintana Roo.
http://www.flickr.com/photos/secretariadesarrollosocialqr/8515725285/


(1*) Bartolomé Pina, A.R. (1999). El diseño y la producción de medios para la enseñanza. En J. Cabero Almenara (Ed.) Tecnología Educativa. Madrid: Síntesis, 71-86. (Perdón por la autocita pero es lo más rápido que he encontrado de esta, confío, obviedad)

(2*) En realidad, esta estrategia de diseño y desarrollo de MOOCs basados en rancho único es también una decisión industrial equivocada cuyas consecuencias padecerán en un par de años pero de las que hablaré en otro “post”.