sábado, 7 de marzo de 2015

La universidad española cierra en septiembre

Después de 4 años he comprendido que se ha cruzado esa línea roja a la que tanto se refieren nuestros políticos. No importa qué gobierno o a qué nivel. No importa donde: Huelva o Málaga, Murcia o Tarragona, La Coruña o Zaragoza, Valencia o Madrid, Barcelona o Lleida. En todas partes me dicen los mismo: la universidad pública, esa que se encuentra por delante de la privada en los rankings, esa que genera la mayor parte de publicaciones científicas, esa que atiende al mayor número de estudiantes,... está siendo destruida sistemáticamente, si no lo ha sido ya.

Con ratios superiores al 70% de profesores a tiempo parcial y con contratos anuales, que se enfrentan cada año a varias asignaturas sin apenas tiempo de preparar una de ellas, muchas veces cuando el curso está practicamente comenzado, sin más formación o apoyo que el que le da su compañero de despacho... Podemos hablar de seniors con su carrera truncada, de investigadores que han perdido su puesto de trabajo, de profesores y profesoras con 40 años que ven como indefectible iran a la calle al no poder renovar su contrato y no tener opción a plazas nuevas para las que se han acreditado. Hay muy pocas excepciones a este escenario.

Por ello os invito que os suméis a esta campaña:

  “El próximo curso... no hay curso”

Es decir, en Septiembre, si hace falta vamos a las aulas para evitar sanciones, pero decimos a nuestros estudiantes que, simplemente, la universidad pública española ha parado: no hay clases.

Puede parecer radical o imposible. No es ni una cosa ni la otra. Por supuesto agradeceremos que sindicatos, partidos políticos, agrupaciones o que la sociedad civil se una. Pero, es fácil,
el próximo curso no hay curso.

No somos gestores y no vamos a decirles lo que tienen que hacer. Así que no vamos a negociar 10 ó 20 plazas. Ellos son los gestores y son los que nos tienen que ofrecer algo que resulte creible y permita a la universidad pública volver a ser lo que era. Porque de lo contrario,
el próximo curso no hay curso.

No es una huelga para la que se pide permiso ni se somete a negociación o arbitraje. No tiene una duración limitada. Comienza en septiembre:
el próximo curso no hay curso.

Los estudiantes tienen motivos para quejarse. Es posible que se unan. Total, el fácil de entender que
el próximo curso no hay curso.

Existen precedentes a finales de los setenta, cuando el curso no comenzó hasta enero en dos ocasiones (aunque una fue un genialidad ministerial). Los PNN lo hicieron. Nosotros también podemos conseguir que
el próximo curso no haya curso.

Tenemos seis meses para que el mensaje llegue a todos. En Septiembre comenzaremos otra campaña: “este curso no hay curso”. Pero por ahora, por favor, difundir a vuestros compañeros en papel, en las redes sociales, por las listas...


jueves, 5 de marzo de 2015

Aprendiendo de Rufus. Tecnologías inteligentes en el aula

La clave es el chorro de agua.

Saben como son estas cosas. Cuando todos quienes nos rodeaban habían adquirido un robot aspirador (Roomba por más datos, lo que suena a “rumba”) la presión se volvió insoportable. Y pedimos a un vecino que nos lo dejara unos días, eso sí, manifestando nuestro más absoluto escepticismo.

Bueno, pues no. Pues resulta que sí que limpió y nos privó de los pelos de Kala, la perra callejera que nos acompaña. Y, observando, observando, me di cuenta de que era un cacharro altamente eficiente que trabajaba de la forma menos eficiente que podía imaginarse. En vez de buscar las zonas sucias que debía aspirar, su único objetivo era bordear los obstáculos. Así insistía una y otra vez en zonas ya limpias. Pero si te olvidabas de él, si no pretendías que limpiara como lo haría una persona inteligente, Rufus, pues así lo habíamos bautizado, persistía y persistía y, finalmente, dejaba la casa como una patena (1*).

Y como uno siempre está pensando en estas cosas de la tecnología y la educación, caí en la cuenta de que muchas tecnologías presuntamente inteligentes que se introducen en la enseñanza lo hacen tratando de repetir el modo de actuar humano. Por ejemplo, los tutores y los tutoriales inteligentes tratan de imitar a los tutores humanos y, como era de esperar, lo hacen muy mal. El aprendizaje adaptativo trata de adaptar el currículum a cada individuo como lo podría hacer una persona, basándose en los aciertos y errores del alumno, y, de nuevo, los resultados no parecen excesivamente inteligentes ni adecuados para personas inteligentes.

La clave es que las tecnologías inteligentes en la escuela deben seguir las ideas de Alan Turing (ahora tan de moda): el que una máquina sea inteligente no quiere decir que tenga el mismo tipo de inteligencia que los humanos.

En realidad esta es una historia vieja como la tecnología. No sé si el primero que intentó hacer un lavavajillas se esforzó en construir brazos articulados que manejaran estropajos o cepillos para frotar los platos sucios, imitando el modo de hacer de las personas. Afortunadamente alguien descubrió que era mejor abandonar esa idea y lanzar chorros de agua a presión.

Una entrada en un blog no da para extenderse más en este tema. Lástima. Pero me ha parecido una buena ocasión para que quienes trabajamos en las tecnologías educativas comencemos a innovar de verdad y no a intentar que las máquinas funcionen del mismo modo que nosotros.

Ya ven, la clave en los lavavajillas era el chorrito de agua. Gracias Rufus, por enseñarnos estas cosas.




(1*) Observo que esta entrada ha quedado impregnada de la herencia religiosa: “bautizar” se utiliza como sinónimo de “poner un nombre”, mientras que “limpio como una patena” hace referencia al platillo o “patena” que utilizan los sacerdotes católicos y que limpian minuciosamente durante la ceremonia de la misa.